El scriptorium, también llamado sala de los Caballeros
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Mil años de historia fascinante, fe, valentía y talento humano extraordinario han modelado la «Maravilla de Occidente», obra maestra del patrimonio mundial de la humanidad. Monasterio, ciudadela y prisión, sucesivamente, el Monte Saint Michel simboliza la lucha eterna del Bien contra el Mal.
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Una noche de octubre del 708, el arcángel San Miguel se aparece a
Aubert, obispo de Avranches, y le ordena levantar
un santuario en el monte Tombe (Tumba), islote de granito en medio
de la bahía.
Desde el siglo X, los duques de Normandía construyen
una nueva iglesia y en el 966 se establece en el Monte Saint-Michel la orden de los monjes benedictinos
Bajo su impulso, en el siglo XI se edifica la abadía románica, cuya construcción durará sesenta años.
Destruida en parte por un incendio, es reconstruida con la ayuda del rey de Francia Felipe Augusto, en el siglo XIII.
Este edificio y los que se suceden hasta finales del siglo XV son el testimonio de un
nuevo estilo arquitectónico, más esbelto, que asciende cada vez más hacia el cielo
con sus inmensos arbotantes y sus encajes de piedra: ha nacido el estilo gótico.
El Monte Saint-Michel se encuentra entonces en su apogeo
y su irradiación espiritual e intelectual es inmensa en toda la cristiandad.
Reyes, príncipes, duques, caballeros, gente de los reinos
de Francia y de Europa acuden en peregrinación al
Monte Saint-Michel, «Maravilla de Occidente».
A esta edad de oro le sucederá el declive del monasterio hasta la Revolución Francesa de 1789, que expulsa a los últimos monjes de la abadía.   Habrá que esperar hasta 1969 para que una comunidad benedictina se establezca de nuevo en la abadía, marcando así el renacimiento espiritual
del Monte Saint-Michel.
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