La larga historia del Monte de San Miguel parece remontarse al año 708, cuando el obispo de nombre Aubert mandó construir allí el primer santuario en honor al arcángel San Miguel para asentar una comunidad de canónigos.
En 966, los monjes benedictinos que se instalaron en el Monte a petición del duque de Normandía Ricardo I marcaron el origen del apogeo del nuevo monasterio. En muy poco tiempo, la abadía se convirtió en uno de los lugares de peregrinaje cristiano más importantes de Occidente pero también en uno de los centros de la cultura medieval donde se produjo y conservó un gran número de manuscritos. Como encrucijada política e intelectual donde confluían las tradiciones carolingias y la influencia grecoárabe, la abadía se beneficiaba de los intercambios entre Gran Bretaña y Francia. La abadía representa el dominio y la experiencia arquitectónicos de la Edad Media. Su estructura no se parece a ningún otro monasterio. Dada la forma puntiaguda del monte, los arquitectos envolvieron las construcciones en torno al peñasco granítico. La iglesia abacial, situada en la cumbre del monte, se asienta sobre las criptas que crean una plataforma de 80 metros de longitud.
Por su parte, el edificio de la Maravilla suele considerarse como el florón de la arquitectura de la abadía, porque atestigua el dominio arquitectónico de los constructores del siglo xiii que han conseguido sustentar dos cuerpos de edificios de tres plantas en la pendiente del peñasco.
Las estructuras se van aligerando a medida que progresan hacia la cima. De este modo, fe, cultura y arquitectura constituyen la marcada identidad del Monte de San Miguel, aunque cabe tener en cuenta el pueblo que se ha ido desarrollando tras los pasos de la abadía desde el siglo x.
En el siglo xiv, llegaba hasta los pies del peñasco. Las murallas que lo rodean son un ejemplo de arquitectura militar. Durante la guerra de los Cien Años, el Monte de San Miguel simbolizaba la identidad nacional al haber resistido a todos los asaltos ingleses. Después de la Revolución Francesa, las propiedades de la iglesia fueron declaradas «bienes nacionales» y en 1793 la abadía quedó reconvertida en cárcel. Una transformación sacrílega que finalmente acabó por salvarla de la demolición. En 1863, un decreto imperial puso fin a esta condición.
En 1874, el lugar quedó declarado como monumento histórico y desde 1979, el Monte de San Miguel está declarado como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco. La abadía está abierta al público y depende del organismo Centro de Monumentos Nacionales de Francia.
Coro de la Maravilla: © Daniel Chenot
Sala de huéspedes: © Daniel Chenot
Claustro: © Philippe Berthé / Centro de Monumentos Nacionales de Francia


















