Las mayores mareas del mundo se producen en la bahía del Monte de San Miguel y son un espectáculo maravilloso que el ser humano ha decidido preservar para las generaciones futuras gracias al gran proyecto de restablecimiento del carácter marítimo del Monte de San Miguel.
El Monte de San Miguel está situado en medio de una bahía de 40 000 hectáreas por la que cruzan tres ríos (Couesnon, Sée y Sélune) y que barren las mareas dos veces al día. Las mareas dependen de la atracción de la luna que infla la superficie de mares y océanos así como la configuración de las costas y algunas de estas acentúan la amplitud del oleaje, como la bahía del Monte de San Miguel. Cuando la atracción de la luna se encuentra en su punto máximo, en cada luna llena, nos encontramos en período de mareas vivas, que son propicias para las grandes mareas. En ese momento, el mar recorre más de 15 kilómetros desde su punto más bajo en el litoral hasta el Monte de San Miguel, un movimiento incesante que se repite dos veces al día.
Un espectáculo de la naturaleza maravilloso pero también peligroso para los imprudentes que se aventuran en la bahía, víctimas del brusco levantamiento de las olas «a la velocidad de un caballo al galope» y de las arenas movedizas.
Ya en la Edad Media, los peregrinos del Monte de San Miguel, que eran conscientes del peligro, decían que el Monte se encontraba en peligro por culpa del mar.
Hoy en día, el riesgo es otro porque el Monte se encuentra en peligro por culpa de la tierra. Dos veces al día, las mareas del Monte de San Miguel invaden la bahía, es un espectáculo impresionante e inolvidable que se puede disfrutar desde las murallas del Monte de San Miguel que dominan la bahía.

















