Monte de San Miguel

Personajes célebres

La fama de Mère Poulard

Aunque la cocinera Mère Poulard nunca abandonó el horno de su cocina ni el Monte de San Miguel, no dejaba de sentir curiosidad por el mundo y viajó a su manera atendiendo a los huéspedes que llegaban de todas partes. Le gustaba guardar recuerdos en forma de dedicatorias en su libro de oro, fueran mensajes cariñosos en fotos o dibujos hábilmente ejecutados en una mesa de la esquina.

La posada La Mère Poulard ha mantenido esta tradición hasta nuestros días para desvelar de esta forma una parte de la historia, por ejemplo, sabemos que el rey Eduardo VII y la familia real de Inglaterra eran huéspedes asiduos a principios del siglo xx y han contribuido ampliamente a la fama de esta cocinera.

El presidente de Estados Unidos Théodore Roosevelt y el presidente del Consejo francés Georges Clemenceau —héroe de la primera guerra mundial, gran amigo de Mère Poulard y gran amante de su cocina— también han contribuido a forjar su reputación. Sin duda, quedarían asombrados si supieran que en 1923 el joven Zhou Enlai se hospedó allí antes de regresar a China, donde participó 25 años después en la revolución china junto a su compañero de ruta Mao Zedong.

Más o menos en la misma época, el futuro primer ministro de China pudo haberse encontrado a otro revolucionario, pero en este caso derrocado, León Trotski, que empezaba así su exilio de la mejor manera posible y quien, por su parte, podía cruzarse con miembros de las grandes familias de las finanzas y la industria, los Rothschild y los Rockefeller, fieles a Mère Poulard a lo largo de todo el siglo xx.

De entre los miembros de la realeza que frecuentaban la posada, Mère Poulard sentía debilidad por el príncipe y la princesa Takamatsu, de la familia imperial de Japón, así como por los numerosos príncipes y princesas rusos que frecuentaban asiduamente su casa, donde ahogaban su melancolía en las alegres fiestas nocturnas que se acababan bien entrada la madrugada.

Sin duda alguna, Mère Poulard habría apreciado que coincidiendo con el centenario de la inauguración de su posada se celebrara allí la entente cordial entre la primera ministra de Inglaterra, Margaret Thatcher, y el presidente francés François Mitterrand, que vinieron a abordar los problemas del mundo en torno a una buena mesa.

Del mismo modo, habría estado orgullosa al saber que su posada había servido de cuartel general con motivo del desembarco de 1944 y que, en esos momentos difíciles como en los posteriores años de conmemoración, el general Patton, el general Bradley y el mariscal Montgomery apreciaron su buena mesa al igual que Winston Churchill, gran jefe de Estado y gran epicúreo. Por su parte, Ernest Hemingway se instaló y ocupó la mesa de Mère Poulard durante varios días para describir las hazañas militares del desembarco. Como buen entendido, sin duda tuvo la oportunidad de constatar la veracidad de las palabras del cantante francés Maurice Chevalier unos años antes, cuando describía su estancia: «Un lugar espléndido, un pastel muy rico, un buen servicio y unos propietarios encantadores. ¡Volveré!». Qué duda cabe, el Monte de San Miguel y Mère Poulard han inspirado a los artistas, como al pintor Foujita que dibujó un gatito, Bernard Buffet una sartén y más sorprendente, el actor estadounidense Charlton Heston, quien describió con talento y rapidez extraordinaria el Monte de San Miguel.

La lista de artistas cautivados por Mère Poulard es muy extensa y no podemos citar más que unos pocos, como un poema de Prévert, quien además adoraba la cocina de Mère Poulard: Claude Monet, Jean Cocteau, Marcel Pagnol, André Malraux, Françoise Sagan, Jean Gabin, Rita Hayworth, Jean-Paul Belmondo, Woody Allen, Glenn Glose, Juliette Binoche, Arthur Rubinstein, Jean-Michel Jarre, Charles Aznavour, Christian Dior, Yves Saint Laurent…

Tampoco podemos olvidar a aquellos hombres excepcionales que Mère Poulard admiraba como Charles Lindbergh después de su travesía por el Atlántico, o Alan Shephard que partió al espacio antes de volver a sentarse a la mesa de Mère Poulard.

El cierre se lo dedicamos, cómo no, al maestro de la cocina francesa, Paul Bocuse, quien decía que «Mère Poulard representa la esencia de Francia».

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